jueves, 11 de julio de 2013

Baño de Madrugada

Ya les platiqué que me estoy levantando rete temprano (depende del punto de vista de cada quien). Para mi es rete temprano abrir mis ojitos y empezar a mover mi anatomía a las 5:30 de la madrugada.

Cuando suena el despertador, léase mi Smart Phone, sientes que los bomberos están muy cerca de tu oreja y te dan ganas de mentarles su mamacita aunque ni exsistan.
Por más voluntad que pongo, mi cama me abraza y clarito escucho que me dice: “nooooo te vaaaaayas, estamos calientiiiiiitos y bien abrazaaaaados, no me dejes aquiiiiií sin tiiiiiii”.
Como sé que me debo levantar, pues me levanto para 2 segundos después volver a acostarme aunque sea por otros 15 segundos.
Después de varios intentos y ya pasaron un par de minutos, pues ahora sí me levanto.

Te da como el vértigo, sientes que la cabeza da vueltas como la de Linda Blair pero sin vómito verde. La sensación de desequilibrio debía ser motivo suficiente para acostarte otra vez, pero el deber llama.

El siguiente y muy difícil paso es caminar hacia el baño sin tener un choque contra alguna pared en el camino.

Una vez en el baño, hay que abrir el agua en la regadera. Como soy ecológico, me meto con el agua todavía fría, no sé para qué, porque me paro en la orillita de la regadera hasta que se caliente y voy tanteando metiendo mi piecito al chorro de agua. Ya con el agua tibia, empiezan mis ejercicios de despierte: lo primero es respirar agua…… así es, respirar agua y no piensen que soy anfibio. Solo me limpio mi naricita y toso cual foca agripada, pero de que se limpia se limpia. Luego sigo con las abluciones limpiándome mi boquita. Va la tallada de melena con su shampoo, luego las tatachas y partes nomás mías. Finalmente ya despierto y medio cantando, me cepillo las patas y la espalada para terminar enjuagándome todito.

Viene el siguiente paso difícil: Salir de la regadera; el agüita igual que mi cama me dice clarito. “Queedate, no te saalgaaaas”. Si logro hacerme wey y no escuchar al agüita, me envuelvo cual Odalisca árabe en mi toallota (la uso de playa para que no se me vaya a colar un aire). La méndiga toallota también me susurra: “No te vaaaaayas, estamos juntiiiitos y si te sales te va a dar friiiio”.

Como ya estoy más despierto solo pienso: No oigo, no oigo, soy de palo y tengo orejas de pescado.

Una vez librado de la toallota, pues a vestirse, no es cosa de andar generando pasiones fuera de casa.

Ya vestido, me tomo mi leche y me voy a trabajar. Por la noche reviso que el Smart Phone sepa que al día siguiente, a él le toca despertarme para reiniciar la rutina matinal.

No saben cómo amo el domingo en la mañana.

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