miércoles, 24 de julio de 2013

Operación Sapito

Hay algunas actividades que no me gusta hacer aunque no sea tan menso y las haga más o menos bien.

Se descompuso el escusado, hay que cambiarle “el sapito” porqué por culpa del “sapito viejito” se tira toda el agua y no estamos como para andar desperdiciando.

Se ve rete fácil, solo tienes que comprar el nuevo “sapito” y colocarlo en lugar del “sapito” defectuoso. Hay una como liga donde está atorado y se quita de ahí para colocar el nuevo. Para los que no son plomeros (o maridos forzados a ser plomeros) les platico: esta liga (antes era cadenita y daba menos lata), está atorada en la palanca que (esa sí) todos conocemos para “jalarle”. Por el movimiento, el “sapito” destapa un agujero y el agua se escapa para llevarse todo lo que ya no necesitamos y menos queremos ver.
La Operación Sapito se ve sencilla, hasta el 007 lo podría hacer y sin gadgets.

Antes de meter mano en el aparato deshechador de cosas feas, me lanzo a comprar el nuevo “sapito” a alguna ferretería que me encuentre en el camino. Después de como 1 hora de andar buscando ferretería, me tengo que echar un taquito de carnitas o voy a desfallecer de hambre. Ahí le pregunto al taquero: ¿Dónde conseguiré un sapito? Se me queda viendo con cara de “este wey viene de la fiesta y bien pe…”
 
Y contesta muy serio: No, pues en alguna tienda de animales.
Después de casi ahogarme con el taco ya le explique el tipo de “sapito” que requería.
Como casi todo taquero, este tiene un compadre a la vuelta, que tiene ferretería  y ahí lo voy a encontrar.

Ya con la panza semi llena y mucho más seguro de mí mismo, me lanzo a la ferretería del compadre y ahí si me entendieron y me vendieron un “sapito” nuevo.

Hasta el momento, todo bien. De regreso al hogar, “sapito nuevo” y yo llegamos para el intercambio.

Colocado en posición como de a 45° y ya con inicio de dolor de espalda, que quito a “sapito viejo”, que me traigo de pasada a la condenada liga y casi hasta la palanca jaladora. Como no había cerrado la llave de paso, pues el agua sigue corriendo y se va todita por el hoyo antes tapado por “sapito viejo”.

Conocedor como soy, me agacho a buscar la llave de paso para cerrarla y me acomodo móndrigo cabezazo contra la caja de escusado. Vi estrellitas y ninguna era Shakira, además descuajaringué la caja y se salió de posición. Total con todo y el mandrake, logré cerrar la llave de paso para evitar la fuga del vital líquido.

Una vez contenida la posible inundación, tengo que buscar algo que sustituya la liga (que arranqué) para amarrar a “sapito nuevo” a la palanca jaladora y poder abrir la llave de paso para darle el uso adecuado al escusado.

Busqué por todos lados y lo único que encontré fue hilo para coser color guinda, como plomero tengo poca experiencia, pero como tejedor de mecates con hilo de coser mi experiencia es nula. Pues no pude.

No vayan a decir que este Conocedor se rindió rapidito, hice una cadena con clips, otra con ligas, una más con una agujeta de un zapato que hace mucho no usaba y finalmente un cable de teléfono igual de viejito que “sapito viejito”.
Ya del silicón para sellar la caja después del cabezazo, mejor ni hablamos.

No más no quedó, solo les termino de platicar, me encontré una cubeta azul que ya vive en el baño, está llena de agua y así se va a quedar hasta que venga un plomero de verdad que me arregle la caja, la liga y coloque a sapito nuevo en su nuevo y acuático hogar.

Mientras llega el plomero, me sobo la cabeza y ando en busca de algún arbolito en despoblado.

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