miércoles, 9 de enero de 2013

Las Suegras

Por ser amigo de Pam y andar checando todo lo interesante que hace, dice y escribe, que me pongo a ver su programa de @lasmujeres_ donde tratan de varios temas relacionados a los intereses femeninos y se les ocurrió platicar de las suegras.

Condenadas maloras (Pam, Gaby y Maggie), solo hablaron de las de ellas y ni una palabrita de las nuestras, o sea sus mamis y las mamis de todas las demás.
Se ve que las sufren, pero nuestro martirio no fue tomado en cuenta. ¡INJUSTAS!

Voy a dejar a la mía hasta el final, para que las reclamaciones de Mi Chiquita empiecen unos minutos después.

Entiendo perfectamente que sus hijas son invaluables (yo tengo a Mi Cachorra), que son las princesas de la casa, que valen chorros y esperan que nunca cambien. Pues están amoladas, van a cambiar, se van a enamorar de un méndigo inútil, buenoparanada y además feo. Así es la vida, que le vamos a hacer.

Yo les pregunto a las mamis de niñas y no tan niñas: ¿Qué no prepararon a sus hijas para enfrentar al mundo solitas?

He escuchado frases como estas:
“Mijita, ¿de verdad te gusta ese trofeo de boliche de tu marido en la sala de juegos? Mejor pon una foto de tus papás y hermano.”
“Mijita, ¿Por qué el Juancho no te ha comprado camionetota y tu hermano si se la compró a la vaquetona de tu cuñada?”
“Mijita, ¿Por qué no le cocinas algo rico a tu peoresnada? Algo del recetario de mamá.”
“Mijita, ¿Cómo permites que tu marido se vaya de viaje de negocios solo? ¿Ya no te quiere?”
“Ay Mijita, ¿Cómo quieres que lo quiera si él ni siquiera me quiere a mí? Yo que he querido ser una madre para él. Porque la de él, deja mucho que desear.”

Existen también otras frases que te provocan ganas de matar:

“¡Miren, les traje de regalo el florero rosita que me dejó mi Tía Solecito! Pueden quitar ese de la mesa que está retefeo.”
“Me da una emoción regalarte esta vajilla, que era de tu bisabuela materna y nunca se ha usado. Ha pasado por cada generación.” (Es para 48 personas, está horrible, seguro se la regalaron de La Lagunilla y ocupa más del doble de lo que cabe en la alacena.)
“Le traje a tu marido el guisado que le encantaba a tu tío Pepe….. aaay, cómo extraño a mi hermano.” (El susodicho guisado eran frijoles con lentejas y medio crudos)
“Si ese, me trata a mí así, ¿cómo te tratará a ti?”

Las suegras hacen cada cosa que uno jamás entenderá:
Si no me gusta bailar, ¿Por qué te saca en las calmaditas y te hace bailar de cachetito?
Si me encanta flojear el domingo, ¿Por qué organiza una ida a Xochimilco con sus compadres (que ni nos pelan) para que nos llevemos mejor?
Si estás en la mesa platicando de cualquier cosa, saca el tema de lo feliz que era cuando su niña estaba soltera.

Ya el colmo es cuando directamente te dicen:
“Te di lo mejor de mí.” (Yo ni le pedí nada, solo me encantaba su hija)
“Sin mí, no tendrías hijos tan hermosos.” (Mejor ni opino)
“¿Qué sería de tu vida si no hubieras tenido una suegra como yo?” (Aquí sí sueño)

Además, cada suegra viene acompañada de una serie de personajes adheridos que hay que apechugar.
-La tía (ya muy mayor, pero con excelente memoria) que toma la palabra en cada reunión y hace llorar a todos.
-El hermano que quiere con cualquiera de sus amigas. Ya le da lo mismo.
-Las suegri-amigas que se convierten en cuasisuegras tuyas y también te aconsejan por tu bien y además se beben tus licores como si estuvieran en sus casas y te llevan de sus guisos (eso está bueno..).
-El compadre que te amenaza con partirte la cara si le haces algo a su niña (¿No tendrá que ver con la suegra?)
-La abuelita (la mami de su mami) que es una santa y nunca se equivoca. Además tienes que ir a verla. (Otra que tampoco te pela por estar viendo la tele y botaneando cacahuates.)

Nunca serás el adecuado para su princesa. Siempre recordará y te recordará a algún ex (de su hijita), con el que hubiera sido tan feliz su hija, porqué él si quería a su suegra.
¿Ya han escuchado “Señora” por Joan Manuel Serrat? http://www.youtube.com/watch?v=CMEwtRc8ne0

Total la pareja es un paquete complejo y completo. Lo malo es que incluye suegras de ambos bandos y estas damiselas, quieren seguir mandando en casa ajena.

¡Pobres Suegros, que están casados con ellas!

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PD1: Que conste que no he dicho nada de la mía.
PD2: Prometo tratar de ser buen suegro, pero poquito…

martes, 8 de enero de 2013

Autoestima

Cada mujer que conozco, duda de su autoestima en algún momento. TOOOODAS, no se hagan las segurísimas de sí mismas.

He visto autoestimas abolladas de mujeres bellísimas… se encontraron otra de no tan buen ver, pero con un vestido “igualito” al que traen puesto. Ya valió.
Llegaron un poquito tarde a la reunión y la bolita de invitadas, voltea a verlas y cuchichea. Ya valió.
Se les olvidaron los aretes. Ya valió.
La bolsa no está tan a la moda como las de las demás. Ya valió.
Los zapatos están exagerados (según ustedes). Ya valió.

Cuentan con cuerpazo, pero nada de decir la verdad sobre el peso…. Mejor muertas o comentar el número de veces que les gustaría echar pasión.

Si son bajitas, quieren ser más altas. Si son muy altas quieren medir tantito menos.
Las güeras se pintan de castañas, las castañas de pelirrojas, las pelirrojas con cabello oscurísimo. Si el pelo es rizado se lo alacían, si es lacio se lo enchinan.

Siempre se critican durísimo frente al espejo. Aunque el 100% de los hombres las vean buenísimas, ustedes se ven con lonjitas y muy pasadas de peso.

La mayoría busca un visto bueno, ya sea de la pareja, su mami o la comadre. Sepan que en la mayor parte de los casos, se ven muy bien.

Del maquillaje, cada una tiene su estilo, pero empiezan a copiar modas que luego no hacen juego con ustedes. No quiero imaginarme a Mi Chiquita con el pelo verdoso, uñas de todos colores, labios azules, los ojos como de Morticia y blanqueada de su carita. Pero mejor no opino.

De ahí pasamos a los tratamientos estéticos: Botox, laser y ceras depilatorias, blanqueamiento de piel y en caso contrario el bronceado (hasta se la pintan).

Ya entrados en mayores cambios, empiezan las cirugías: Nariz, labios, quitar arruguitas y patas de gallo. Hasta cambios muy radicales como más pompa, más bubi (otras menos porqué ya tenían mucha), pierna gorda, quitar lonjas, restirar pescuezos y así una cantidad de opciones que da miedo.

Una sabia amiga comentó que el mejor maquillaje, es la actitud.

Si fueran hombres, al verse en el espejo, con la panza peluda, medio pelones y sin un músculo marcado, se sentirían galansísimos. Con esto no quiero decir que a todos nos valga gorro esto de la belleza, a muchos les importa y afecta, pero a final de cuentas, la mayoría salimos sin necesidad de competir con otros del mismo sexo (en lo visual, en otros sentidos habemos muchos competidores perrísimos).

Para mí, se ven hermosas siempre, desde pequeñitas hasta muy mayores, las de cuerpazo y las no de tan cuerpazo, las de caras angelicales y caras bellas en otros sentidos. Me puede encantar una mujer segura de sí misma y sabedora que sus encantos solo son de ella y ninguna otra los tiene.

Acá yo de metiche les sugiero muy respetuosamente: No se hagan tanto cambio, ya son hermosas, no quieran competir con otras (este es el principal motivo de tanto cambio, ni siquiera les importa mucho la opinión masculina), siempre hay una de mejor cuerpo, siempre hay una más bonita, siempre hay una con atuendo más costoso y siempre hay una que se ve más segura y está igual de insegura.

¡¡No cambien!!  ¡¡Ya son bellas!!  ¡¡Sigan bellas!!
 
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lunes, 7 de enero de 2013

¿Me quieres?

Esta pregunta nos arrincona, nos intimida y no nos permite respuesta correcta. (A los hombres por supuesto)

¿Me quieres? Esta es la más común y frecuente, pero hay otras muy peligrosas:
¿Cómo me veo?
Si conocen la respuesta correcta, porfis díganmela, he probado con muchas y ninguna ha sido satisfactoria para Mi Chiquita. A esta pregunta se le añade otra más  difícil: ¿Me veo gorda?

Otra terrorífica:
¿Por qué no me besas como antes?
Según yo, cada vez tengo más práctica, ha evolucionado mi técnica y ni me acuerdo cómo la besaba hace algunos añitos…. Porfis, pásenme alguna respuesta acertada.

Existen otras igual de malintencionadas:
¿Cuál de mis amigas se te hace la más guapa? Y la méndiga se ríe al mencionar “después de mí, por supuesto”
¿Quién cocina mejor, la Mimi o yo? Pero estamos en casa de la Mimi y seguro va a oír mi respuesta, además de que ya voy en el tercer plato de pasta que ella preparó.

Existe una muy ruda y es utilizada en momentos de tensión en la relación…. ¿Qué, extrañas a tu mami?

Otra malévola es: ¿Prefieres a tus amigos, verdad?
Y seguro les han contestado: ¿Celosa yooooo? O ¿Para qué preguntas?

En caso de alguna molestia desconocida por su seguro Conocedor, salta la pregunta:
¿Ni te importa verdad?
Con su variante:
¿Si fuera el Profesor? Seguro sabrías que tengo.

Además de las preguntas, existen frases articuladas por ellas, para las que no existe respuesta posible y el silencio tampoco es opción.

“Si me conoces… ¿Qué estoy pensando?”
“¿Si quieres?, me voy de la casa”
“Si no sabes porqué lloro, ¿para qué preguntas?’”
“Pero qué tamaños los tuyos”
“Si tú supieras lo que estoy pensando de ti ahorita”
“Con todos tienes paciencia menos conmigo”
“Como quieras”
“Porque sí” o “Porque no”. Ambas funcionan igualito.

Otras preguntas son utilizadas de forma cruel:
¿Qué quieres cenar? Solo hay atún.

¿Qué a dónde comemos? A donde tú quieras… pero yo quiero ensalada y no quiero mariscos ni tacos.
¿Enojada?…. Nooo

¿Por qué hacen preguntas capciosas en examen? 
Solo puedo medio responder la primera:
Mi Chiquita: Si te quiero, si no te quisiera: tu mami viviría en el Congo, la Lila dormiría en mi recámara, iría a cenar puro taco y nunca ensalada y finalmente no serías Mi Chiquita.

Diría mi abuelo: “A las mujeres hay que quererlas sin tratar de entenderlas, si tratas de entenderlas vas a dejar de quererlas.”

Ya luego platicamos de las respuestas de ellas a nuestras preguntas….
 
Esa es harina del mismo costal.

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viernes, 4 de enero de 2013

Instrumento Maligno

A todos nos asusta, más a las mujeres…. Mi Chiquita tiembla solo de pensar en ella…. Es enemiga de todas y de casi todos. Hasta mi suegrita le tiene respeto.

Es fría, muy calculadora, no tiene piedad y nunca nos deja tranquilos. Aliada de cuanto doctor exista, la báscula nos hace temblar a todos.

Aparato de mala leche, nunca te da el resultado que crees merecer, siempre está sobradita y ni siquiera te sonríe.

Uno sufriendo hambres y cansancio físico, para que la desgraciada te indique que pesas 17 gramos menos que la semana anterior. Si te comiste una tortilla de más, la susodicha báscula te la recuerda con 120 g extra a lo pesado antes. Este fenómeno me intriga, subes 120 g y la tortilla completa no pesa ni 50 ¿Cómo va a ser?

Te hace llorar más que una película de perritos abandonados frente al Metrobus en pleno Insurgentes. Sufres más al verla, que cuando te encuentras a un@ ex con un@ compañer@ de muy buen ver. Constantemente te humilla dejándote semidesnud@ ante ella.

¿Por qué la mantenemos en el hogar? Además cerquita del espejo, que luego se confabula con ella para hacerte llorar…. No es de personas sanas del coco, tener artículos que nos hagan sentir tan mal.

En mis enfrentamientos con estos aparatos del terror, casi siempre salgo mal parado. Normalmente no le hago caso en mi casa, a menos que ya venga la cita con mi Doc.

Una semana antes la desempolvo y la pongo junto al espejo (ven como soy medio masoquista) y me paro en ella todos los días, para verificar que no bajo ni un gramito. Trato de hacerle chanchullo y me peso antes de desayunar y después de hacer pipí, lo intento a media noche a ver si ya se le olvidó que me receté tres quesadillas de queso con chorizo, me paro de puntitas para ver si hago menos presión pero nada de esto sirve. La méndiga lo tiene grabado en su memoria malévola y me lo recuerda cada vez que nos encontramos.

Mi báscula, tiene aliadas en varios lugares, la más mala conmigo es la que vive en el consultorio de mi Doc. Es una grandota de esas que además de pesarte, te miden y te dicen cuanta manteca acumulaste desde la última vez que te subiste en ella. ¡¡La odio!!

También he tratado de hacerle trampa: Me quito hasta la cadenita alrededor de mi cuello, salen zapatos, calcetines, camisa, pantalones y me sacudo para quitarme el exceso de polvo y ácaros. Solo quedamos mi trusa y yo porque tampoco es cosa de ser exhibicionista. Pues ni así logro vencerla.

He visto a grandes hombres llorar ante ella. Mujeres que dirigen empresas con puño de hierro, se rinden y sufren ante sus poderes. Grandes personajes viven aterrados ante los posibles encuentros cercanos con uno de estos aparatos.

AAAAAHHH pero a veces, se apiadan de sus dueños y les indican que ya lograron deshacerse de varios kilitos….. así hasta siento que la quiero.

De todas formas, mi báscula y yo, muy educadamente nos evitamos en lo posible hasta que la cita con el Doc nos vuelva a reunir.
Que se quede polvosa debajo de mi buró y mientras, uso una cinta métrica que me puedo apretar alrededor de la panza.
 
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jueves, 3 de enero de 2013

La Primera Vez

¿Cuentan con algún amigo que no come en la calle?
Pues yo contaba con uno así…

Déjenme les cuento de mis generales, por parte de padre, mi abuelo estaba peleado con la comida callejera y no había poder humano que lo hiciera probar algún antojillo preparado fuera de casa. Mi abuela materna, por el contrario, comía cualquier cosa que se le cruzara en la banqueta, mercado o puesto. Solo evitaba los tacos de “vueltita” (Al Pastor para el resto del género humano) porqué te daba cisticercos y te morirías tarado.
En la casa materna era al revés, el abuelo se ingería cualquier alimento suficientemente masticable y la abuela solo lo preparado en su cocina.
En este asunto de comida callejera, su seguro Conocedor salió bastante combinado entre los abuelos tragones de alimentos callejeros.

Como mi amigo Bisteni estaba muy bien educado, no comía nada preparado en la vía pública pues podía morir de una salmonela marca diablo y con dolores que ni un mártir de la Edad Media hubiera podido sufrir.
Su mamá (que cocina increíblemente bien y con especialidad libanesa) le tenía prohibido probar alimento fuera de casa. Lo que no contaba, era que por ahí de los años 70 que íbamos (no que estudiáramos) en secundaria, su impecable hijo iba a hacerse mi amigote y en alguna ocasión en que regresábamos de las aulas del saber con un hambre feroz y solo con unas moneditas en el bolsillo, me topé con un carrito de hot cakes callejeros y con el hambre mencionada e invirtiendo el máximo capital posible de mi muy pobre bolsillo, pedí uno con cajeta.

Mientras lo preparaban, yo me relamía los bigotes por el antojo acompañado del aroma. Bisteni ponía cara de “ya me quedé sin amigo”, “seguro va a caer fulminado a la primera mordida” y la más significativa “Wácala, cómo se atreve a comer eso” mientras tanto, sus ojos salían de sus órbitas, la boca se le torcía como churro friéndose en aceite y la tez se le ponía blanquecina…..
Al recibir mi hot cake bien encajetado, le di la primer mordida (no es que fuera yo díscolo, pero el hambre estaba canija) y luego le ofrecí un pedacito….. Empezó a emitir ruidos guturales como de crudo recién despertado y pensé que se desmayaba…antes de que pudiera reaccionar, partí un pedazo de mi manjar y se lo puse en la mano. Como era muy educado (luego se le quitó cuando se libró del dominio materno), no le quedó otra más que comerse dicho bocado. ¡En ese momento nació una leyenda! Al probar el hot cake, su mirada tomó un brillo que yo nunca había visto, su sonrisa se hizo más serena, la piel tomó un color entre rojizo y morado (a lo mejor estaba muy caliente), suspiró y pidió uno para él solito.
A partir de ese momento, no hay quién lo pare, traga casi de todo. Puede devorarse uno 8 pastores con doble tortilla, tortas de salchicha roja, tostadas de chorizo, tacos de carnitas al por mayor, quesadillas y hasta campechanos con harta salsa del Villamelón.

Todavía no termina su educación culinaria, (no le gustan los insectos y ni los ha probado) pero un día se los doy a traición para ver si hay otra transformación.

Hoy que hemos madurado (si chucha), tanto Bisteni como yo, seguimos probando muchos antojos callejeros y no tan callejeros. Nos gusta la comida y hemos descubierto muchos lugares donde disfrutarla y compartirla con más cuates.

Que hubiera sido de la vida culinaria de Bisteni……. sin aquella primera vez con el hot cake con cajeta.

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miércoles, 2 de enero de 2013

Regadera y Pasión

Casi todos los que conviven y comparten regadera, han querido desarrollar alguna fantasía acuática, ya sea en tina, en regadera o en jacuzzi.

Para envidia de muchos que ya están sentados en sus lugares de trabajo, yo sigo de desempleado temporal y regreso a laborar hasta el próximo lunes.
Como tengo tiempo libre, mis baños no son como de mojado a punto de regresar a la Patria (a manguerazos y en 10 segundos) y están durando unos 15 minutos en promedio (por mí me los echaba de 2 horas pero me remuerde la conciencia con eso de la ecología).
Como mi Chiquita también está de vaga, pues que la invito a unírseme en el húmedo ambiente de mi regadera…… ¡Grave error!

La mayoría de las parejas no coinciden en la temperatura “rica” del agua para bañarse. A mí me gusta tibia…. Mi Chiquita la disfruta a temperaturas que no sobrevivirían ni los habitantes del Sol.
Dados mis encantos, Mi Chiquita aceptó la invitación y al recibir las primeras gotas en su cuerpo, empezó a emitir unos sonidos como de pájaro tropical muriendo en las fauces de un oso polar muy cerca del Polo Norte. Eso no fue lo malo, lo pésimo fue que le abre más a la llave del agua caliente y el que empezó a gritar como torturado fui yo.

Me sentí como malvavisco en fogata, que me pego a la pared para tratar de evitar ámpulas y quemaduras de 3er grado y trataba de escapar del hirviente flujo acuático que me rodeaba…mientras tanto ella tiembla de frío bajo las gotitas hirvientes.
Después de una lucha cuerpo a cuerpo tratando de dominar el control de la temperatura del agua, varios empujones, uno que otro sopapo en mi cabeza y amenazas de muerte, mejor me salí y niguas de fantasía acuática. Me tuve que poner hasta árnica pal dolor.

Si alguna pareja coincide en la temperatura ideal del líquido vital, les auguro erótica diversión bajo el agua, si no, mejor báñense solitos.

Esta batalla por la temperatura se extiende al lecho conyugal, ya saben de mi piyama de trusa y rayitas azules en el resorte y con una sabanita tengo para dormir muy a gusto. Ella usa la mitad de su guardarropa y casi todas las cobijas del hogar, además de cerrar cualquier posibilidad de airecito circulante en nuestros aposentos. Yo siento que me asfixio.

Ya decidí, me baño solo y a temperatura ideal (helada según Mi Chiquita) y la dejo que se bañe en agua como para pelar pollos sin arriesgar el pellejo, textualmente.

Del sauna, mejor ni hablamos…..

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martes, 1 de enero de 2013

Primeros arrepentimientos del 2013

Es medio día, los músculos de mi cuerpo no reaccionan, me siento como atropellado (nunca me han atropellado, cruz-cruz) y apenas comienza el año.

Mis pensamientos son como sueños lejanos, la luz hasta duele, hay un enano con un tubo escondido atrás de la cabecera y al abrir mis ojitos me suelta tremendo tubazo…mejor los vuelvo a cerrar. Eso de despertar después de tanto día de pachanga es terrorífico.
Además toda la familia se quedó en mis aposentos, los otros tres roncan peor que león en siesta después de cenar búfalo y ya me urge un café.

Ya medio desamodorrado pienso en los muchos orates que no han llegado a sus casas:
¿Ya terminó su pachanga del Año Viejo?
¿Creen que ya se van a poner a dieta?
El Maratón es Guadalupe Reyes…… ¡Faltan la Rosca y los tamales!

Acá su Conocedor tiene la panza llenísima y no ha desayunado. Mis invitados tienen cara de “ya no puedo más” y tampoco han desayunado. Mi familia me amenazó que no me dirigirán la palabra hasta que les haga la digestión.

El primer día del año y ya provoqué arrepentimientos culinarios, varios piensan que fue demasiada la cantidad de tortas de pierna, otros se quejan de la cantidad de sidra ingerida, unos más de los tacos a media noche y después de cenar.

Solo les platico del cuarto recalentado del año: Bolillos recién salidos del horno en la panadería, pierna picada para que no cueste más trabajo masticarla, aguacate para hoy (como dicen las marchantas), jitomate, queso gratinado y rajas gourmet. Omaigod, no voy a poder ni con media torta.
Ya despabilado, inicio la escritura de estas líneas y recuerdo algún año nuevo de hace muchos ayeres, donde al finalizar la fiesta a las siete de la mañana, agarrábamos al Poderosísismo y nos lanzábamos al Ajusco en búsqueda de quesadillera recién levantada para samparnos tres de chicharrón, cuatro de queso y una de flor para eso de comer vegetales.

Al regreso del Ajusco, un regaderazo e ir a misa de una; éramos muy piadosos y nos encantaba ver a las niñas buenas (en todo sentido) en misa.

De ahí a gorrear en alguna casa la comida, bebida y algún digestivo. Más tarde al cine o a algún café para continuar los festejos por el año recién llegado y finalmente en la noche buscar alguna taquería para cenar e ir a dormir.

Si hoy organizara un día como esos, El Profesor se nos quedaba dormido a las cuatro de la mañana y tapadito con alguna cobija de perro, Rafael hubiera regresado del Ajusco en calidad de lirón adormecido seguramente acurrucado en la cajuela, Enrique se hubiera quedado dormido a medio baño con peligro de ahogarse y su seguro Conocedor estaría como amanecí hoy: Cansado, con la panza llena, con una sed como de náufrago, sin ánimo de ver la tele y dispuesto a tomarse el día libre (en piyama y sin bañarse)

Hoy es 1° de enero, 2103 y ya estoy cansado, todavía me faltan un par de tamalizas, de perdida tres roscas de reyes con sus respectivos atoles y al menos un desayuno con cuates antes de que termine el famoso y peligrosos Guadalupe-Reyes. (Lo peor es que ya me estoy animando a seguirle)
Si se sienten cruditos, cansados, flacos ojerosos y sin ilusiones, se les va a pasar.
Mejor levántense, báñense, desayúnense algo ligerito como chilaquiles con arrachera y salgan a la calle a saludar amigos y parientes.

Empieza el año y yo les sugiero un propósito:
Todos los días levántense y salgan a la calle a hacer cosas buenas, con gente buena y de buenas.
¡Cuánta bondad!

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