martes, 1 de enero de 2013

Primeros arrepentimientos del 2013

Es medio día, los músculos de mi cuerpo no reaccionan, me siento como atropellado (nunca me han atropellado, cruz-cruz) y apenas comienza el año.

Mis pensamientos son como sueños lejanos, la luz hasta duele, hay un enano con un tubo escondido atrás de la cabecera y al abrir mis ojitos me suelta tremendo tubazo…mejor los vuelvo a cerrar. Eso de despertar después de tanto día de pachanga es terrorífico.
Además toda la familia se quedó en mis aposentos, los otros tres roncan peor que león en siesta después de cenar búfalo y ya me urge un café.

Ya medio desamodorrado pienso en los muchos orates que no han llegado a sus casas:
¿Ya terminó su pachanga del Año Viejo?
¿Creen que ya se van a poner a dieta?
El Maratón es Guadalupe Reyes…… ¡Faltan la Rosca y los tamales!

Acá su Conocedor tiene la panza llenísima y no ha desayunado. Mis invitados tienen cara de “ya no puedo más” y tampoco han desayunado. Mi familia me amenazó que no me dirigirán la palabra hasta que les haga la digestión.

El primer día del año y ya provoqué arrepentimientos culinarios, varios piensan que fue demasiada la cantidad de tortas de pierna, otros se quejan de la cantidad de sidra ingerida, unos más de los tacos a media noche y después de cenar.

Solo les platico del cuarto recalentado del año: Bolillos recién salidos del horno en la panadería, pierna picada para que no cueste más trabajo masticarla, aguacate para hoy (como dicen las marchantas), jitomate, queso gratinado y rajas gourmet. Omaigod, no voy a poder ni con media torta.
Ya despabilado, inicio la escritura de estas líneas y recuerdo algún año nuevo de hace muchos ayeres, donde al finalizar la fiesta a las siete de la mañana, agarrábamos al Poderosísismo y nos lanzábamos al Ajusco en búsqueda de quesadillera recién levantada para samparnos tres de chicharrón, cuatro de queso y una de flor para eso de comer vegetales.

Al regreso del Ajusco, un regaderazo e ir a misa de una; éramos muy piadosos y nos encantaba ver a las niñas buenas (en todo sentido) en misa.

De ahí a gorrear en alguna casa la comida, bebida y algún digestivo. Más tarde al cine o a algún café para continuar los festejos por el año recién llegado y finalmente en la noche buscar alguna taquería para cenar e ir a dormir.

Si hoy organizara un día como esos, El Profesor se nos quedaba dormido a las cuatro de la mañana y tapadito con alguna cobija de perro, Rafael hubiera regresado del Ajusco en calidad de lirón adormecido seguramente acurrucado en la cajuela, Enrique se hubiera quedado dormido a medio baño con peligro de ahogarse y su seguro Conocedor estaría como amanecí hoy: Cansado, con la panza llena, con una sed como de náufrago, sin ánimo de ver la tele y dispuesto a tomarse el día libre (en piyama y sin bañarse)

Hoy es 1° de enero, 2103 y ya estoy cansado, todavía me faltan un par de tamalizas, de perdida tres roscas de reyes con sus respectivos atoles y al menos un desayuno con cuates antes de que termine el famoso y peligrosos Guadalupe-Reyes. (Lo peor es que ya me estoy animando a seguirle)
Si se sienten cruditos, cansados, flacos ojerosos y sin ilusiones, se les va a pasar.
Mejor levántense, báñense, desayúnense algo ligerito como chilaquiles con arrachera y salgan a la calle a saludar amigos y parientes.

Empieza el año y yo les sugiero un propósito:
Todos los días levántense y salgan a la calle a hacer cosas buenas, con gente buena y de buenas.
¡Cuánta bondad!

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