jueves, 8 de agosto de 2013

Aventura en Trajinera

Es como si ya supieras que le va a pasar al Titanic y de todas maneras te subes.

Eso de pertenecer a una familia política pachanguera en demasía y con ideas radicales con respecto a la diversión, es solo para valientes.

Que se organizan con una bola de cuates para ir a Xochimilco, que cada uno deberíamos llevar viandas y bebidas para todos y compartirlas, que ya por allá seleccionaríamos una trajinera a todo lujo con estereo y todo.
 
Nos lanzamos con en seis coches rellenos como latitas de sardinas, pero rellenos de carne humana.

Al llegar, nos hubiera caído muy bien llevar un perro pastor que nos amenazara con mordidas para no separarnos. Como no iba perro alguno, conforme se bajan de los automotores, cada uno se arrancó como burro sin mecate a ver lo que le interesaba. Cuando va tanta genta hay muchos intereses diferentes, desde pulseritas de piedras, hasta trompos de madera y luchadores de plástico. Yo me dirigí a un puesto de garnachas, nada más como investigación profesional, para luego antojarlos en el radio.

Como unos 45 minutos después y todavía sin haber contratado el transatlántico que nos iba a llevar por el mundo de canales de tan representativa zona del DF, nos reunimos nuevamente. Hagan de cuenta que parecíamos manifestación en Av Juárez, pero mucho menos rijosos y sin romper ventanas de los vecinos y más cargados de alimentos y bebidas.

Los líderes del grupo, léase los más conocedores del folklor Xochimilca, se fueron a negociar la alquilada de la trajinera. Cuando regresaron, ya teníamos a nuestra disposición 2 trajinerotas (Tere y Viva Patricia) en donde pasaríamos unas horas armoniosas comiendo, brindando y gozando la compañía de cuates y familia.
Yo, caballerosamente me esperé a que se subieran todos (la verdad era miedito, si se hundía la trajinera con ese sobrecupo, yo me salvaría).

Total, no se hundió ninguna de las dos y los pobres lancheros con sus palotes, empezaron a sudar la gota gorda para sacarnos de embarcadero. Hagan de cuenta el paradero de microbuses en Chapultepec, pero muy encharcado.

Inicia nuestro acuático paseo, antes de salir de atolladero, ya nos estábamos echando unas chelas, chescos y chetos. No sea que no tuviéramos tiempo suficiente de bebidas y botaniza.

Alguien pone música y todos protestan, se oye desde: "mejor pon cumbias" hasta "yo quiero oír a Javier Solís". Como el DJ era de los más jóvenes, le valieron gorro las solicitudes y puso la música que se le pegó su gana. Puro ponchis ponchis.

Vimos la Isla de las Muñecas, visita obligatoria y medio tétrica (ya hay una copia para los que no quieren ir tan lejos).
 
Nos tocó también la clásica quinceañera, que iba como sirena de piedra hasta delante de su yate (no era trajinera) y el resto de la familia chupando y tragando sin hacerle el menor caso. Vimos las trajineras con mariachis, con tríos, con Jarochos. No podían faltar las canoas con dulces típicos, elotes y esquites, quesadillas, carnitas y un mundo de opciones para atarantar la tripa.

Nuestro grupo, llevaba una cantidad de comida y bebida, que hubiéramos podido invitar unas 8 trajineras llenas y nos iba a sobrar. Con todo y eso, muchos de nuestros turistas le entraron a los esquites y elotes, a los dulces y una que otra quesadilla.

Durante el paseo, vimos diferentes pasajeros en las trajineras, había la clásica movida del señor mayorcito y la jovencita muy acaramelados y el trío cantando junto. Los güeros de algún país nórdico con cara de sorpresa de todo lo que van conociendo. Un grupo de orientales sacando chorromil fotos (seguro estoy fotografiado con el respectivo marquito artesanal, en el buró de aquella belleza de ojos rasgados que al verme, no pudo evitar fotografiarme), una bola de familias y cuates como nosotros y muchos grupos de jóvenes cheleando.

No faltó el incidente de tránsito. Chocamos con otra trajinera y hubo intercambio de saludos y una que otra chela. Algunos que no vieron este amistoso intercambio, ya querían bronca contra los otros, pero no pasó a mayores.

El paseo estaba programado para durar unas 5 horas, pero la mera verdad si te empieza a dar claustrofobia con tanto compañero de viaje y algunos de los mayorcitos solicitaron pronto regreso a tierra.

Al llegar y conforme se iban bajando, todos (textual: TODOS) le corrieron a buscar el baño. Ya con el alma y cuerpo relajados, nos despedimos y tomamos rumbo a nuestros respectivos hogares.

Si pueden vayan a Xochimilco, trépense a las trajineras, échense unos esquites y compren alguna artesanía. Se la van a pasar de peluche.

Si le faltan acompañantes, les presto a mis parientes políticos, que seguro se pegan a su plan.

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