miércoles, 24 de octubre de 2012

¿Cómo le harás?


¡Que buena pregunta!, se aplica a casi cualquier pendientito que queramos endilgarle a quién se les ocurra.

Cuatro ejemplos:
Mi oso de peluche a su abnegada madre a las 8:47 de la noche: Mañana tengo que ir disfrazado de Tiranosaurio Rex. ¿Cómo le harás?

Mi Chiquita a su seguro Conocedor: Mi mami quiere saber dónde comprar gomitas para borrar con forma de manzana mordida pero con gusanito. ¿Cómo le harás?

Mi Cachorra a su padre: Pa quiero ir e ver a los One Direction en Las Vegas. ¿Cómo le harás?

Mi suegra su hijita La Consen: Mañana te caigo con mis amigas a comer, queremos botanita de tu marido. ¿Cómo le harás?

 Pueden hacerle esta pregunta a quién más confianza  le tengan y pasarle la responsabilidad de manera muy elegante.

Esto sale de una época casi jurásica, cuando su seguro servidor quería invitar a cenar en algún restaurante “elegante” (seguro alguna taquería donde sí te sientas) a cierta candidata a ser dueña de mis quereres y por supuesto, no tenía ni un peso.

Yo que confiaba en Rafael: mi socio, amigo y compañero de pachangas. Se me ocurrió pedirle prestados $100.00 Pesos (A ver que se pueden cenar ahora con $100.00 pesos de los de antes de la quitada de 3 ceros) y con mucha anticipación (como 2 horas antes de ir a cenar) .

¿Saben que me dijo en canalla?   No tengo.
Yo que soy de pensamiento rápido (rápido, no acertado) y con el problema económico a flor de piel solo le pregunté: ¿Cómo le harás?

Ya pasaron más de 30 años de eso, el méndigo Rafael, todavía no sabe ¿cómo le hará? Porqué no me ha prestado los $100.00 Pesos, obviamente mi vida amorosa de aquellos tiempos siguió austera, la fémina en cuestión ni se enteró de mis sufrimientos por conseguir efectivo para agasajarla, ese día no hubo tacos en taquería sin mesas y solo para parados, nada de amor, menos salida nocturna. Más tarde y con Rafael que no tenía ni $100.00 Pesos, algo nos robamos de el refri de su casa para matar el hambre de tacos, de amor y de lana.

Lo malo es que mi pregunta se me volteó. Desde ese día, Rafael me pregunta para todo lo que se le ofrece “al angelito”:  ¿Cómo le harás?

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