jueves, 18 de octubre de 2012

Sin sal, sin grasa, sin conservadores, sin….. sin…..

Tuve la ocurrencia de querer comprar jamón de cerdo en un supermercado. Solo quería comprar 250 g (#puroantojo).

Los últimos años me han bombardeado que es mejor comer embutidos de pavo, que si como de cerdo me va  a dar un infarto fulminante en la tercera mordida. Pensé: ¿Y si me arriesgo? …. Error.

Al preguntar ¿qué buen jamón de cerdo me recomendaban? Empezó la explicación: Este no contiene sal ni grasa (ha de ser de cerdo deportista), este no contiene gluten (ni sé que es eso o para qué sirve?, que este es supersano….. (ni modo que me vendan jamón de puerco enfermo)

Total: no había un jamón de cerdo como el que conocí en mi infancia, con hueco (donde iba el hueso), con grasa (muy común en cualquier cerdo sano), con carne de diferentes colores y texturas (también comunes en los músculos de cualquier cerdo) y con “tantita” sal.

Los que había estaban increíblemente limpios de grasa, el color de la carne es rosadito parejo, muy bien formados (de forma, no de fila) en sus empaques, sin un nerviecito en ningún lado….. Pensé: Esto es como gelatina de carne, probé varios (sabían igual casi todos) y no compré nada.

En una visita a una expo especializada, me encontré un stand de productores de jamón artesanal de cerdo. Se me quitó el antojo, lo preparé de varias maneras, lo compartí, lo disfruté y sobreviví a la tercera mordida.
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