lunes, 29 de octubre de 2012

Libanesas a mí alrededor

Cuando uno inicia la vida rodeado de amigos con apellidos como Kuri, Bisteni, Kobeh, Jirash, Yoma, Haddad y en todos su hogares cocinan delicioso, además te casas con Mi Chiquita (acuérdense que es mezcla Armenia-Jarocha), la cual contaba con una abuelita “la Bis Jurván” (luego les platico del apodo) y que cocinaba como los propios ángeles; sabes que ya te generaste una adicción a este tipo de comida.

Siendo niño (léase hombrecito), en la primera infancia, solo tienes amigos (hombrecitos) y los de apellidos foráneos como los del párrafo anterior, solo sabían comer y nada de cocinar.
Ya más grandecito, cuento con la amistad de un motón de féminas con ascendencia de aquellos lugares, todas dicen que saben cocinar, casi todas han disfrutado de algún platillo preparado por su seguro Conocedor, casi todas me reclaman por incluirlas en mis fotos de platillos publicados diariamente (síganme en Twitter @gilelconocedor) y de tanta belleza libanesa por la cual estoy rodeado, solo me ha tocado unos cuantos bocadillos recalentados de Kepe Charola preparados por Ingrid….. ¡Egoístas!

Eso si, te platican que las hojitas de parra les salen de rechupete, que el tabule siempre está delicioso, que la gallina rellena era huérfana (ustedes piensen lo que quieran), que su arroz con lentejas es mejor que cualquier otro arroz internacional y sus dedos de novia están para chuparse los dedos (esto debe ser textual porqué siempre tienen chorros de deliciosa miel). El chiste es que entre tanta amiga libanesa, nada que se mochan con alguito de sus cocinas para su hambriento Conocedor.

Para colmo de males, Mi Chiquita cocina rete sabroso, pero puro nacional. Si quiero un platillo Armenio, tengo que recurrir a la Tía Pili (que además vive en otra ciudad) para que me consienta y cocine exóticos platillos del Medio Oriente.

Ya que no veo claro con tanta libanesa a mi alrededor, que mi Chiquita prefiere el mole Xiqueño sobre el Lehmeyun y que no se cocinar nada de estos platillos; Voy a invitar a la Tía Pili a que se venga a vivir conmigo (por lo menos unos 15 años) y que me enseñe a cocinar estas delicias.
 
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