viernes, 8 de febrero de 2013

¿Oíste eso?

Es de noche, el hogar está en silencio, la oscuridad cuida de los sueños de la familia, el clima es ideal para dormir plácidamente y en eso, escucho una vocecita:
“¿Oíste eso?”
Yo estaba totalmente dormido, en segundos medio despierto y por supuesto. No escuché nada.
Mi Chiquita, que cuenta con un oído híper desarrollado me vuelve a preguntar: “¿Oíste eso?”

Cuando uno despierta solito, el cerebro inicia sus actividades de forma moderada, te vas adaptando a la luz del nuevo día, a los acostumbrados sonidos matinales y a que los músculos vayan agarrando tono poquito a poquito.
Cuando te despiertan con un  “¿Oíste eso?”, tu corazón se acelera cual matraca de porrista después de un gol de tu equipo, pelas los ojos como búho en plena cacería y escuchas hasta sonidos que no existen.
La adrenalina corre por todo tu cuerpo, preparando los músculos para reaccionar ante posibles agresiones. En medio segundo, estás listo para cualquier batalla.
Eso dicen los expertos que es lo que sucede, yo sentí escalofríos y me tapé con la colcha.

Vuelvo a escuchar el terrorífico: “¿Oíste eso?”
Ya despierto pregunto en voz muy bajita: ¿Qué oíste?
E inicia una conversación a puro susurro, como si el intruso no se hubiera dado cuenta que ya nos despertó.

MCh: “Oí un rudito como que algo rasca.”
Yo: ¿EEEE?
MCh. “Sí, es de algún lugar de nuestra recámara.”
Yo: ¿EEEE?
MCh: “¡Cállate y escucha!” (Aunque lleve signos de admiración era susurro pero muy firme)
Yo callado con la oreja atenta, no escucho nada.
Yo: No oigo nada…..
MCh. “Ahí está.”
Yo: ¿Quién?
MCh: “Menso escucha son como raspaditas.”

Como ya vi que no es un alien, que me medio destapo y valientemente saco la oreja de la colcha y me pongo a escuchar desde mi cama.
Estoy sordo de verdad, Mi Chiquita insiste en que se escuchan unas como rascaditas y yo no oigo nada.

Ya mis ojitos se adaptaron a la oscuridad y no hay ni alien, ni Jason el de Viernes 13 y menos una momia, me paro y enciendo la luz de mi lamparita en el buró.

Ahora sí, 100% despierto, inicia la búsqueda del ruidito, que yo no oigo.
¿Han tratado de buscar algo que no se oye, no se ve y no sabes ni qué es?

Prendemos todas las luces de la recámara (3 focos en total), recibo las indicaciones de Mi Chiquita que está en la cama, debo empezar a buscar por abajo, que el ruidito se oyó por ahí y me señala con su dedito hacia abajo de la cama.
Otra vez la adrenalina. A ver, ¿quién se asoma debajo de su cama cuando ya te dijeron que algo hizo un ruido ahí?
Yo por lo pronto que me paro y voy por mi linterna, que es como de poli gringo y se puede usar como macana, no sea que el alien esté debajo de mi cama.
Ya armado con linterna y una regla para levantar la colcha de lejitos (30 cm) y ver que hay abajo; no encuentro nada. Solo le digo a Mi Chiquita: Se me hace que estás oyendo visiones. Y me regreso a dormir sin haber encontrado al intruso.

Mi Chiquita, que también está totalmente despierta, decide que no sé buscar nada y arrebatándome la linterna se arranca con su búsqueda particular.

Inicia debajo de la cama. (Ven lo que es no confiar en uno, tuvo que revisar otra vez). Nada.
Se acerca al mueble de la tele…… Nada.
Solo falta ver atrás de la cortina………. Todavía tengo taquicardia del susto, en menos de un nanosegundo, Mi Chiquita brinca cual Chapulín Colorado, pero hacia atrás, cayendo en la cama y moviéndola como terremoto al caer en ella. Pega un grito que ni el Padre Hidalgo hubiera superado y corre a taparse en la colcha.
Con mi corazoncito todo acelerado, pregunto: ¿Qué hay?

“¡UN CARA DE NIÑO!”

Van a creer, si hubiera sido un Cara de Alien, yo ya no estaría blogueando y andaría de viaje por las estrellas.

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