martes, 12 de febrero de 2013

Visita al Dentista

Ya sabemos que es una tortura, que el sudor va a recorrer tu espalda desde la nuca hasta santa sea la parte. Que te va a doler (de perdis el piquete para que no te duela, ¿Va a creer?) y que además vas a pagar una lana (esto para los pobres que no son amigotes de su dentista, el mío no me quiere cobrar nunca).

Una visita al dentista ya de por sí es temida, pero cuando tu doctor es además tu cuate, la cosa se vuelve personal.

Fernando, otro amigo de la infancia, además de pasajero del Poderosísimo para ir a las aulas del saber, se puso a estudiar para ser dentista y luego para ser Cirujano Maxilofacial.
Yo que lo conocí en sus épocas de estudiante y con calificaciones no muy superiores a las mías, no le veía futuro, pero le agarró el gusto a eso de torturar dentaduras y que termina toditita la estudiada.
Desde que yo era chico (él no tanto) le veía como con cara de torturador, nunca lo vi maltratando a creatura viviente, pero sí se le veía mirada como de sádico, cuando agarraba los cubiertos para ingerir alguna delicia libanesa preparada por su mamá.

Ir a verlo a su consultorio es una aventura de por sí. Hay que pedir la primera cita (que siempre me la da o llega media hora antes para recibirme) porqué si pides la siguiente, te tienes que estacionar a un par de kilómetros de su lugar de trabajo.
Casi nunca lo espero, porqué es rete puntual (a ver si aprenden otros doctores) y pasamos a su sala de tortura sin tener que releer alguna revista en la sala de espera.

No me vayan a decir que un consultorio de dentista no parece sala de tortura…
Primero el sillón: Blanco, frío, con agarraderas por todos lados, con muchos taladros, mangueras y fierros que amenazan tu tranquilidad, hasta escupidera tiene, para lo de la sangre…. ¿Qué puede sentir uno que no sea miedo?
Luego te enseñan una cajita metálica como del Dr. Lecter, con puros fierros afilados, una que otra broca, limas y otros instrumentos filosos muy atemorizantes.

Antes de empezar, viene el disfraz de tortura: Guantes, tapabocas y una jeringa como para caballos (que el méndigo te enseña) y te avisa que ni Sida, ni hepatitis no te van a dar, porque la aguja es nuevecita.

Una vez sentado (casi acostado), empiezan las recomendaciones:
--No te vayas a mover.
--Te va a doler muy poquito, es un piquetito. (Aquí empieza el sudor)
--Que no te muevas. (Aprietas las pompas, No sé por qué)
Como tienes la boca abierta y no puedes emitir palabra alguna solo protestas. ¡Nnmestomuvendo¡

Viene el piquetito …. Estás tan asustado que solo aprietas las manos a las agarraderas del sillón, cierras los ojos, no te mueves y escuchas….
–Ya, hay que esperar a que haga efecto.
Sueltas un bufido de satisfacción, porqué de verdad no dolió. –BFFF

Como la anestesia empieza a hacer efecto, tu boca no siente nada y empiezas a babear como si Shakira estuviera tomando tu manita. Como la baba está a punto de inundar el consultorio, te ponen el aparatito ese como mini snorkel que hace sssllllggrrllls y se lleva toda la saliva a quien sabe dónde.
Inicia la plática de cuates antes de las reparaciones dentales:

Fernando: -- ¿Cómo está tu Chiquita?
Yo: Meen
Fernando. -- ¿Los niños?
Yo: Tameen meen
Fernando: --¿No te da envidia que yo soy el único que puede mantener callada a tu Chiquita por más de cinco minutos?
Yo: ¡¡A haa!!

Mientras, te agarra el labio con su enguantada manota y te abre la boca como si fueras cocodrilo de show.
Fernando: Ahora solo es una caries que te arreglo rapidito.

Escuchas el más terrorífico ruido que un consultorio puede emitir. TZZZ, TZZZZ y el desgraciado le acelera como preparando motores para un arrancón: TZZZZZ, TZZZZZZ, TZZZZZ.

 Fernando: --A ver, abre la boca todo lo que puedas.
Yo: AAAAAAAAAA
Fernando: TZZZZZZ, --Si te duele me avisas. TZZZZZZ
Yo: AAAAAA
Fernando: TZZZZZZ, TZZZZZZZ, TZZZZZ
Yo: AAAAAA
Fernando: --¿Te duele?
Yo: OOOO,  eo e iente ooibe
Fernando: --Ya casi acabo…
Yo: AAAAAA
Fernando: --Ya acabé, nada más la tapamos y ya.
Yo: uuuufff

Ya con la muela tapada, sin dolor, pero todavía con la anestesia, le pregunto: ¿uedo umar?
Fernando: --Como quieras, pero como no sientes, te vas a quemar el hocico.
Yo: Ejor epero.

He ido a muchas visitas a su consultorio y no cabe duda que me la paso mejor en mi casa o la de él en alguna pachanga, cena o convivio sin anestesia o jeringas de por medio.
Además que en esas reuniones, sí sé lo que digo…..

Lo que ya me ofreció, es que lleve a mi suegra y él hace que esté callada por más de media hora. ¿Ven como si es mi supercuate?

Si lo logra, va a ser mi héroe superando a Batman.
 
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