martes, 12 de marzo de 2013

¡Qué Oso!

Ella llega a la puerta de tu casa, en la banqueta de la entrada hay una leve inclinación, traes puestas tus botas vaqueras recién boleadas, sales a verla con tu mejor estilo y las malditas botas se resbalan haciéndote volar y caer cual hot cake recién volteado. Te duele el guamazo, pero más el orgullo y peor cuando se te acomodan los ojos y volteas a verla; la desgraciada está a punto de morir a carcajadas.

Vas a salir con la bella en turno, te costó como 23 llamadas telefónicas y conseguir a 2 de tus amigos que salgan con 2 de las de ella.
Al llegar a recogerlas, sale una visión en minifalda con lo que has soñado desde hace varias semanas, su roja sonrisa te dice que la noche va a estar de pelos. Abres la puerta del auto para que suba y cheques las piernas que sostienen la mini, por distraerte, se te caen las llaves y al recogerlas escuchas: rrrjjjssss. Tu pantalón se abrió desde el cierre hasta el cinturón. Sientes el aire en las nachas y no te acuerdas si el calzón tiene agujero.

Eres invitado a una cena muy elegante, vas con tu saco azul marino y tu pantalón gris. Al llegar, el anfitrión, que es un señorón y verdadero tipazo, te presenta con otros señorones y te ofrece la primer copa de un vinazo (que ni idea tienes cuál es). Te la tomas, sabe muy buena y te quedas calladito para no regarla. Como se te acaba rapidito y quieres otra, se la pides al “mesero”, indicándole “Me sirve otra copa por favor” Lo malo es que se la pediste al Padre que vino a bendecir el evento y justo enfrente de la hija del señorón que es la que te gusta.

Nos pasan muchas cosas así cuando menos queremos.
He servido vino en la camisa del anfitrión por andar intercambiando miradas con alguna susodicha. Me zumbé a la abuelita por voltear rápido a ver algo que me enseñaban. También le di como 8 besos de despedida a la prima equivocada. He dado abrazos de felicitación a alguien que era invitado a alguna fiesta y faltaban como 4 meses para su cumpleaños. En la escuela les “soplé” a varias y las respuestas estaban incorrectas, eso sí muy seguro de mí mismo.

Muchísimas veces me saludan y no tengo idea del nombre del interlocutor…. Esto es horrible, peor si es interlocutora.

Hay preguntas que haces y luego quieres que te trague la tierra:
¿Para cuándo el bebé?  No me digan que no les ha pasado.
¿A poco no está rete feo ese wey? Lo malo es que la respuesta es: “Es mi hermano”
¿Te acuerdas de la loca de la Willis? Y la respuesta: “Si, me casé con ella.”

O emitir frases que hacen que quieras masticar tu lengua:
Esa señora mayor de allá es igualita a ti, ¿es tu pariente? “Si, es mi hermanita chica.”
Ve nada más el ridículo de la señora de como 80 años en minifalda. “Es mi abuelita que siempre quiere estar a la moda.”
Salúdame a tu hermana, que bonita familia hizo, ¿Cómo está? “Divorciada”
¡Qué bueno te quedó el pollito! “Es pescado”.

Pero el destino se desquita de estas burradas y te las cobra.

A poco no les han dicho:
“Te ves muy repuestito.”
“Te voy a recomendar a mi nutrióloga.”
“¿Dónde compras tu ropa? Se ve muy casual.”
“Traje mi comida porqué estoy a dieta.” (Su comida son tacos del Villamelón)
“Tu jardinero es muy buen peluquero.”
“¡Te ves guapísima! ¿Subiste de peso?”
“Ya vi que estás a dieta y te compraste talla más chica.”
“Estuve a punto de comprarme unos tacones igualitos a los tuyos en el tianguis.”
“Tus hijos están guapísimos. Tu esposa debe ser hermosísima”

Prepárate, el OSO te atacará en el momento menos esperado.

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