viernes, 14 de diciembre de 2012

Al palenque a ver al Potrillo

Lo que tiene uno que hacer por culpa de Mi Chiquita que está enamorada de Alejandro Fernandez. Otra loca igual de enamorada es Bere y ya de pasadita, mi suegrita también le quiere echar los perros.

Pues que El Potrillo va al palenque en Cuernavaca. Y que Bere le llama a mi Chiquita para avisarle que no pueden faltar a la cita. Par de méndigas, ni avisaron a sus respectivos consortes que teníamos que pagar una lana porqué habían comprado los boletos más cercanos al escenario y así El Potrillo las iba a ver y seguro se enamora de ellas.

Polo, que es un santo y tiene muy consentida a Bere, pagó todos los boletos (así cualquiera queda comprometido). Yo solo recibo instrucciones sorpresa para depositarle a Polo nuestro adeudo junto con la noticia que su mami no se lo puede perder y también va.
Aquí debo reconocer que Polo me insistía mucho en ir, yo no lo entendí hasta que terminó el concierto.

Como El Potrillo casi no tiene fans, nos estacionamos como a 12 km de la entrada porqué ya no había lugar, el calor de la ciudad de la eterna primavera era salvaje, cuando llegamos a la entrada yo ya iba todo sudado y más cansado que un camello cruzando el Sahara.
El grupito estaba formado por 6 parejas que sedientos y acalorados empezamos a pedir bebidas motivantes para medio enfriarnos. Yo pedí 2 refrescos en lata bien fríos, con ellos acaricié mi cabeza que estaba llegando a los 40°C con peligro de convulsión. Todavía faltaban como 2 horas para que iniciara el concierto.

Durante 2 horas suceden varios accidentes:
1-    Solo había una paloma en todo el foro, pero con chorrillo y una puntería casi perfecta, le atinó a mi suegrita como 10 veces (todos los demás salimos intactos)
2-    Perdí como 200 pesos en el Bingo, no le atiné a un solo número.
3-    Los gallos tampoco rindieron mayores utilidades.
4-    El calor arrecia y yo pido más refrescos para enfriar mi cabecita.
5-    Mi suegro ya debe estar delirando, fue el único que pidió un café caliente en todo el auditorio.
6-    A Polo lo agarraron de barman y se la pasó sirviendo copas a la oncena de sedientos acompañantes sentados en la misma fila.

Ya instalados me acerco a Polo para preguntarle porqué de la insistencia en ir a ver a Alejandro Fernández. Me gusta mucho su música, pero no soy fan de las multitudes.
Polo solo dijo: Voltea para atrás.

¡Madre Mía! En el graderío habíamos como chorromil asistentes, el 85% eran mujeres, de ese 85% como el 90% venían muy ventiladas (primera ventaja del calorón) además casi el 100% estaban retebién, el taco de ojo iniciaba y con muy buenas expectativas.
Que sale El Potrillo, que empiezan una bola de féminas a gritarle desde: ¡Quiero tener un hijo tuyo! hasta ¡Papito ven con mamita! y otras que no puedo repetir…. Son retepeladas, yo que El Potrillo si me hubiera ruborizado.

Empieza la cantada (canta retebien) que dura como 4 horas (sin repetir canción). En algunas hasta se equivocó y su público más le gritaba. Movía la bota tantito y todas gritan, se quita el saco y todas gritan, se lo vuelva a poner y todas gritan. Haga lo que haga, todas gritan.
Cuando empezó a cantar yo estaba sentadito, pero como todas las gritonas se paran, pues te paras tú o no ves nada. Al voltear a mi alrededor empiezo a observar múltiples intentos de stripteases o como se escriba, el caso es que empezaron a llover brassieres por todos lados (yo que El Potrillo ponía tienda de lencería).

Las tres damitas con las que fui, gritaban como enloquecidas, Bere medio lloraba  mientras desparramaba pulmón gritando ¡PAPIIIIITO!, Mi Chiquita se jalaba la cabellera y pegó un alarido:  ¡PAPASOOOOTE! y su mami en posición de ligue en antro, con una mano en la cintura, la otra en la rodilla ligeramente inclinada y de ladito gritaba: ¡CHEEEENTE, ES MI SUEGRO! Seguro Don Vicente se despertó muy alterado en Guadalajara ante semejante grito.
Ante mi azoro, Polo me vuelve a decir: “Voltea patrás.”

Al voltear vi que como tres mil mujeres, “me” gritaban todo tipo de declaraciones amorosas y proposiciones indecorosas. Aunque uno esté acostumbrado, se sienten hasta escalofríos, ni en mis mejores épocas me gritaron tantas, tanto y al mismo tiempo. Estoy casi seguro que los gritos eran dirigidos a mí, debido a mi silueta tipo tamal y no al Potrillo.

Al terminar el espectáculo, mientras las tres locas comentaban que El Potrillo les había mandado un beso directito a cada una de ellas y ya había caído ante sus encantos, solo le comenté a Polo:

¡Vale la pena el show y El Potrillo también canta de pelos!
 
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