martes, 25 de diciembre de 2012

Mañana de Navidad y queremos día libre

Las costumbres familiares se van heredando, en mi casa la pachanga del 24 de diciembre normalmente acaba el 25 como a las 7 de la mañana y buscando alguna quesadillera que nos pueda salvar del hambre.

Nunca había yo tenido que levantarme para ir a una comida de navidad (qué rara familia pensaran los lectores), pero así era.
Hoy que estoy casado con Mi Chiquita y su familia tiene otras costumbres, pues hay que levantarse para la comida navideña, aunque no sea con su familia y yo tenga mis ojitos lagañosos.

Como casi toda la parentela está en calidad de trapo viejo por la desvelada, pues seguro nos va a tocar recalentado. A mí que se me antoja un caldo de gallina bien espeso, con garbanzos y arroz para que amarre mejor, seguro me van a querer servir romeritos o la torta de bacalao de anoche. Ya mejor ni lo pienso.
Mi Osos de peluche, inventor del día libre, tampoco se quiere levantar. Muchos se preguntarán: ¿Qué es el día libre? Aquí se los detallo:

Abres los ojitos sin presión alguna de madre apurada o despertador tipo bomberos. Los vuelves a cerrar hasta nuevo aviso.
Cuando ya cueste trabajo cerrarlos, te paras para hacer pipí y regresas a tu cama para descansar del esfuerzo. Prendes la tele y le canaleas para buscar algo que ver. Vas al refri a ver si hay algo antojable o de perdis un vaso con leche bien fría. Regresas a tu cama porqué ya te dio frío con la leche. Durante la tarde, hacer palomitas y comértelas mientras ves una película echado en tu cama. Al iniciar la oscuridad del día, ir al refri otra vez para verificar que no hay nada y solicitar a tu papá que pida tacos para cenar.  Estas actividades se repiten durante horas y horas.

Condiciones básicas para el día libre:
No quitarte la piyama.
No tender la cama porqué luego ya no te dejan taparte otra vez.
No bañarse y ni se te ocurra peinarte.
Comer y beber lo que haya sin mucha exigencia.

El día libre rompe con cualquiera de estos imprevistos:
Mi Chiquita grita: “Ya báñate”
Llegan invitados y hay que quitarse la piyama. (Aquí se vale dormir en pants para no tener que realizar la actividad de vestirse)
Mi Chiquita dice: “Hoy no voy a cocinar, ¿A dónde vamos?”

Lo que nos sucede hoy en la mañana a los hombres del hogar, es que nos urge el Día Libre. Ni el mejor argumento nos convence de lo contrario. ¿No saben que está iniciando la vacación y necesitamos recuperar energías?

Pero, los argumentos de Mi Chiquita son imposibles de rebatir:
¡¡Te bañas porqué lo digo yo que soy tu madre!! (El Oso sabe que así es y no tiene argumento)
Hoy es Navidad y vamos a ver a mi Mami. (Pero si ayer ya la vimos….y estaba igualita que antier)
¡¡Son un par de amargados!! (No, estamos reposando)
Pues nos vamos solas, pero ya verán. (Así cualquiera rompe su día libre, ¿quién sabe que veremos? pero suena peligroso)

Total el día libre nos va a durar como hasta la una de la tarde, en la que tendremos que acicalarnos y estar listos para el recalentado. (Ambos pensamos en llevar lunch a la comida)

Ni modo, el día libre va a tener que esperar.
 
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