lunes, 10 de diciembre de 2012

El Poderosísismo

Es el único coche al que realmente amé. Un Dodge Dart 1970 color café con interiores blancos de plástico, cuatro puertas, llantas lisas, de velocidades con palanca al volante y 6 cilindros en línea, parecido al de la foto y heredado de mi Má ya con varios años de uso.
¿Ya notaron que nació antes que muchos de ustedes?

Un coche es lo mejor que te puede pasar a los 17 años, cuando crees que sin automotor, tu vida sentimental tiene cero posibilidades de desarrollarse. Ni modo de llevar a una cuasi princesa al cine en tranvía……

El Poderosísimo sufrió varias modificaciones para convertirlo en deportivo. Le cambié el volante (que era grandote porqué no tenía dirección hidráulica) por uno chiquito. A baja velocidad, era como tratar de abrir una puerta oxidada de submarino y se me pusieron unos brazotes. Le pinté la parilla con spray negro mate, era cromada. Como la lana era escasa y tenía llantas con cara blanca, pues que también se las pinto de negro, creo que usé pintura vinílica que le duró como 2 semanas.
Le puse su “stereo” y con unas bocinas que me volé de un tocadiscos de mis abuelos, hacía muy buen ruido.
Mi amigo Javier, que es mecánico lo “tocó” (así le decían a los que estaban arreglados para correr más), yo creo que nada más lo sobó, porqué nunca corrió más y si gastaba más gasolina.

De los desperfectos que tuvo están:
Limpiadores descompuestos, La solución fue que Bisteni, se iba de cabeza en el lugar del copiloto y por abajo movía las palancas de los limpiadores para ver algo hacia afuera, solo se le veían las patas por la ventana.
Se le rompió el chicote del acelerador: Solución, atórale un desarmador en el carburador, entonces si corría, porqué no se podía desacelerar, en los semáforos había que moverle al switch de arranque para medio apagar y luego encender el motor para que no rugiera tanto. Parecía que retábamos a todos los de junto a un arrancón.
Trabada de velocidades: Al principio, había que bajarse del coche para desatorar el palanquerío y ya quedaba. Se le trababan casi en cada cambio, así que aprendí a destrabarlas desde el lugar del piloto. Fácil.

El Poderosísimo recibió en sus interiores hasta 12 pasajeros, sirvió de recámara nocturna en muchas alquiladas (éramos DJs en fiestas), como comedor en múltiples ocasiones y además nos llevó a muchísimos lugares.

Muchas aventuras pasaron junto al Poderosísimo, días de campo, viajes hasta Acapulco, muchas niñas en sus asientos, pintas a Cuernavaca con gansito de por medio, idas al boliche, aventones a medio mundo y a media noche, desde entonces no podían faltar: visitas a “nuestras” taquerías favoritas.
Hoy que lo recuerdo, creo que es la única cosa, a la que realmente le tomé cariño el resto de mis amores han sido por personas y uno que otro canino.
¿Saben cómo le decía el envidioso de Rafael?
"El Pederosísismo."

¿Se acuerdan de su primer coche? Platíquenme.

 
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