miércoles, 19 de diciembre de 2012

Música

Desde que tengo memoria, la música ha sido parte de mi hogar y mis amigos, si no hay música no es lo mismo.

Ya hace algunos ayeres, Cacho fue mi primer socio para “alquilar” (no sean mal pensados, así se le decía al servicio de poner música grabada en fiestas y como hasta la fecha ninguno toca algún instrumento y menos canta, pues era grabada), después de un par de años me heredó a sus hermanos: Rafael y Sergio.
Con estos tres aprendí que no hay música mala, que cualquier canción, melodía u obra magistral requiere de un ser con sensibilidad especial, que logra transmitir un mensaje y muchas veces sentimientos, a través de letra y armonía.

Como somos de la época Disco (ni se hagan los muy jóvenes, que todavía se sigue poniendo en los antros), no nos gustaba la música en español (qué brutos ¿verdad?). La tendencia a escucharla y apreciarla nos “obligó” a hacerla sonar en nuestras potentes bocinas y así, se integraron a nuestro repertorio, desde baladas y boleros, hasta cumbias y Cha Cha Chas, al principio en Bodas y 15-Años, a las que iban los “señores mayores” y no bailaban Disco Music.
En aquella época, yo ponía las lentas (tiempo bautizado por Daniel como la “Hora del Tallarín”). Hoy dicen que hasta provoqué embarazos no deseados.
Rafael y Sergio que tienen mucho más ritmo y le movían mejor a las tornamesas, ponían la música para bailar y muy bien “mezclada”.

Con nuestros servicios, hicimos que muchísima gente se divirtiera, que conviviera, bailara y disfrutara unas horas de pachanga, que a la fecha recuerdan y nos recuerdan. Lo mejor es que nosotros también lo disfrutamos muchísimo junto a unos 20 gorrones que nos acompañaban a cada “alquilada”.

Hoy ya oigo de todo, mi amigo El Profesor toca música clásica en piano (de verdad toca rete bien y me invita de gorra),
soy amigo de Álvaro Carrillo Jr. con quién he compartido varias veladas escuchándolo cantar música de su padre (me encanta El Andariego),
soy superfan de José Alfredo desde que escuché por primera vez “Ella” y para mí “Sigue siendo el Rey”.

Eso sí, lo de la bailada se lo dejo a cualquier otro…. Si un día quieren ver a un humano imitando a un oso de circo bielorruso, entumido y bailando,  díganle a Mi Chiquita que me saque a bailar.

Seguro han bailado “No rompas más”, bueno pues si quieren terminar la canción sin lesiones en las espinillas, bailen lejos de mí. Con YMCA, mejor hagan como boxeo de sombra por qué no respondo chipote con sangre. Y si de mala suerte les toca estar junto a mí mientras suena el Can Can, ¡corran por sus vidas!

Para evitar lastimados y mentadas muy merecidas, mejor dejo que bailen los demás mientras botaneo y echo taco de ojo entre las bailarinas.

La música une a la gente, la hace bailar, soñar, reír, pensar y (aunque a mí no me gusta) llorar.

Un tip al sexo masculino: Al que baila, nunca le falta pareja, así como al que cocina tampoco.

¡Vive! ¡Disfruta! ¡Comparte!