viernes, 18 de enero de 2013

“La Lista”

Por andar de ofrecido, esto me pasa a mí.

Mi Chiquita está ocupada hablando con su mami y a mí me urge un juguito de tomate preparado para amortiguar el hambre y el antojo.
Verifico mis existencias en la alacena y nada de jugo de tomate……

Se me ocurre emitir la frase equivocada: ¿Quieres algo del seven? Ahorita regreso, voy por un jugo de tomate.
Mi Chiquita “ve burro y se le ofrece viaje” y me grita: “¡Espérate tantito te doy mi lista!”
Por más que pienso cómo escaparme de la faena que me espera, no reacciono a tiempo y me encaraman “La Lista”. Veo desde jitomates hasta menesteres muy femeninos. “La lista” incluye como 125 detallados renglones con las necesidades básicas del hogar.
Intento defenderme con un: Pero nada más voy al seven.
Ella muy segura de sí misma me indica: “Ya que vas a salir mejor ve al super.” Y me deja hablando solo para seguir la plática telefónica con su mami, ha de ser rete urgente, como la de hace 20 minutos.

Resignado, agarro el Micro, pues en su carrito no va a caber lo de la lista y me lanzo al super.
¿Han ido al super a las 11:00 de la mañana en lunes o martes? Yo voy a regresar, hay chorros de seños (no sabría decirles si señoras o señoritas) de bastante buen ver, me tardé como 2 horas “buscando” lo de La Lista. Recorrí pasillo por pasillo, anaquel por anaquel y producto por producto (2 veces). Creo que el taco de ojo es mejor que ir al gimnasio.

La Lista incluía leche (hay como 200 opciones) y le tuve que preguntar a una que iba de pants y figura como de guitarra pero muy delicada, ¿cuál me recomendaba para lograr una silueta como la suya? Muy amablemente (aunque seguro por dentro se carcajeaba) me orientó, después de unos minutos de plática orientadora, chequé la lista y seleccioné la leche ahí anotada, no sea que me hagan regresar.
Pedí asesoría en casi todos los productos anotados y en cada caso recibí amables recomendaciones. Cuando llegué a los menesteres femeninos, ya me dio la pena de preguntar y a la primera encontré el menester.

Esta fue la parte motivante del super, pero uno no la libra de enfrentarse a las demostradoras que parece que no tienen idea de que venden pero sí se las saben de todas, todas.

La del jamón me quería vender a fuerza un quesito de puerco, salami, chorizo español, salchichas de pollo y pierna alemana. Después de tanta oferta, ya se me había olvidado que pedí de inicio, solo le dije que me pusiera poquito de cada cosa. (Poquito para ella fue 500g por producto)

Algo semejante me pasó en el departamento de carnes, me pidieron molida de sirloin y bistecs, de donde salí con unos cortes argentinos que no tienen abuela además de chorizo y unas chuletas de cordero.

Para la fruta me pidieron papaya, melón y naranjas, también compre chico-zapotes, mamey, guanábana, nectarinas y unos dominicos.

Con el queso fue lo mismo, me pidieron panela y Oaxaca, salí con estos y además un brie, uno de cabra con ceniza y un gruyere.

Compré también un par de panes integrales, que ya me imaginaba con mis quesos y carnes frías. Además una botella de aceite de oliva extra virgen. (Ni para qué les pregunto).

Como buen hombre que soy, pues agregué al carrito: galletas con chispas de chocolate belga, unos cacahuates japoneses (¿Alguien sabe si en Japón los hacen así?), unos Crunch, un kilo de camarones y medio de pulpo, unas aceitunas, unos espárragos, ostiones ahumados, salchichas en frasquito y muchas otras cosas de #puroantojo.

En mis 2 vueltas por el super, me dieron a probar una cantidad de alimentos y bebidas que, hasta pensé invitar a Patricio para aprovechar la gorra. Salí muy satisfecho y comí más variedad que en cualquier bufete.

Otro cuento, fue la cuenta……
Cuando me dieron el total, pensé: Sí me cobraron las probadas, la asesoría femenina y hasta la renta del carrito con todo y seguro contra daños a terceros. No sean maloras y pongan los precios de estos servicios complementarios.

2 horas después, regreso al hogar con media camioneta repleta de víveres, bebidas y antojos, con como medio millón de pesos menos en mi cartera y con la panza llena de tanto probar.
Para no alterar la llamada de mi chiquita con su mami, decidí que yo bajaría las cosas y las transportaría a la cocina y “mis” compras a “mi” lado de la alacena.
Después de 32 subidas y bajadas a la escalera, pedí auxilio. Mi Chiquita solo me dijo: “¡¿Qué compraste!? Solo te pedí unas cositas. Ahora las subes tú.”

¿Saben qué fue lo peor de todo?
¡Se  me olvidó mi jugo de tomate!
 
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