viernes, 11 de enero de 2013

Si yo fuera mujer, pero en Antro.

Aunque parece canción ochentera, los voy a invitar a hacer un análisis de las posibilidades que tenemos los del dizque sexo fuerte, para ligarse a alguna del también dizque sexo débil.

Desde muy temprana edad, lo intentamos y casi en cada ocasión fracasamos. ¿Porqué?

¿Cuál de ustedes, lectoras caería ante lo siguiente?:

En las primeras etapas de vida, normalmente, la apariencia del ligador sería con pantalón de moda (brillosito en la noche), camisa abierta hasta medio pecho y las mangas arremangadas hasta medio brazo, cadena con un corazón para parecer más romántico o con algún símbolo religioso para parecer “bueno”, zapato muy bien voleado y picudo, relojote poco ajustado para poder jugar con él, finalmente una copa en la mano y con la otra saludando hasta a los que no conoce.
(Haciendo voz ronquita para parecer mayor)
“Hola mujer, ¿qué te invito?”
“Sabes, yo me dedico a ver gente bonita.”
“Eres lo más sexy que he visto en este antro.”
“¿Qué hace un ángel en este infierno?”
“¿Eres modelo? ¿Dónde sales?”
O peor, se hace pasar por gringo y dice: “Jey beibi, juat can ai duu for yuuuu.”

Ya después, aparecen los de 25 para arriba.
Con un poco más de liquidez, nos entra más seguridad (que tampoco sirve para nada), cambia la vestimenta: Saco sin corbata, camisa de las caras (que por cierto, todas se arrugan), pantalón con el cinturón flojito para parecer más flaco, zapatos también picudos pero perfectamente combinados con el cinturón. Por supuesto, las frases cambian:
“Te he visto en el Watamuchi de Mayiami, o ¿me equivoco?”
(El Watamuchi  es un supuesto restaurante para celebridades en el que no consigues reservación a menos que seas una celebridad)
“Te invito a mi mesa, tengo una viuda helada para los dos.”
(Yo pensaría que ya le cambió la Champaña por sidra agria)
“Has probado el “Juntitos”, es una bebida para dos que me encantaría compartir contigo.”
(Pensaría en una malteada de fresa en café tipo rocanrolero y yo no le sorbía ni por error)
“Déjame invitarte al yate de Bill Gates, es mi cuate. Mira las fotos que saqué.”
(Todas de la Quebrada en Acapulco y sin salir ni una lanchita y tomadas en un Iphone5)

De 45 a 55, empezamos a parecer otra vez de 18 y tratando de ligar a una de 25……(Si lo lográramos nos mata)
Con más poder económico, de traje (para parecer financiero), con Rolex (aunque sea pirata) y pañuelo en la bolsa del saco.
Las frases son:
“Se ve que sabes lo que quieres….. Yo también.”
“Si no has probado las ostras, tu experiencia aquí no cuenta. En mi mesa las compartimos.”
“Tu belleza….. tu belleza….. indescriptible.”
“Soy promotor de modelos y tú serás la próxima en Fulufá” (También supuesta revista donde aparecen las supermodelos)
“Te dejo mi tarjeta, llámame cuando estés preparada para algo especial.”
“Mi Porche se vería mucho mejor si tú lo manejaras. ¿Quieres?”

Ya después de los 55, buscas las mesas de las mayorcitas y que vengan varias. Si no te pela alguna, pues tienes otras oportunidades y entra el descaro.
“No se hagan, vinieron a ver qué agarran y estoy disponible.”
“¿Vienen a ligar? Mejor les invito un vino con quesos.”
“Para qué perdemos tiempo, Mejor ya vámonos a mi casa.”
“¿Dónde dejaron a sus mamás? ¡¡Niñas mal portadas!!” (Esta puede funcionar, pero con mujeres mayores de 60)

Resumiendo: Tenemos (los hombres) muy bajas posibilidades de ligue, si seguimos intentando ser lo que no podemos (algunos ni queremos).

Niñas, pásenos tips para poder acercarnos con más posibilidades de conocerlas (yo no o me matan) pero hay muchos hombres necesitados de cariño, no los dejen a la deriva y a lo mejor aparece uno que si les cuadre.
Si yo fuera mujer: A mí no me convencían.

Por cierto: Al Amor mejor ni lo mencionamos.
 
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