jueves, 22 de noviembre de 2012

A Monterrey con Carlitos

Ya les platiqué de Carlitos, chamaco muy tragón de tamaño familiar y gran amigo. Pues que nos toca compartir habitación en viaje de negocios a la Sultana de Norte.

Dirán, que empresa tan coda que no les reservó su recamarita para cada uno….

En este caso la empresa no tuvo mucho que ver, nuestro exgerente, “Pepe” para llamarle de algún modo, era medio pichicato con lo de los gastos (para todos, él si se despachaba con cuchara grande y gorreaba las cuentas en cuanta comida podía) y que nos manda, haciendo que nuestro cliente pagara los gastos. Obvio, el cliente nos metió en la misma habitación. Además de irnos a tierras norteñas vía carretera, para que no saliera tan caro.

Todo controlado, su seguro Conocedor es muy respetuoso del colega y Carlitos también. Compartimos excelente plática durante el viaje de ida, comimos viandas de cada región donde nos agarró el hambre (muy seguido por cierto) y llegamos a la tierra del cabrito al Pastor, directo a trabajar.

Después de realizar nuestras labores de capacitación (Carlitos hizo todo el trabajo, mientras yo me tomaba varias lights y lo observaba), nos fuimos a cenar unos tacos de chorizo con huevo bien norteños con su chilito piquín y finalmente a descansar al hotel.

Tan respetuoso me vi, que hasta short usé (que conste que mi pijama de trusa con rayitas azules me acompañaba desde el amanecer). La verdad no me fijé que tipo de negligé se puso Carlos, porqué con la manejada y el calor, me quedé dormido como en 21 segundos.

A la mañana siguiente, Carlitos está como perdido en el espacio, aprovecho para bañarme y acicalarme, quedando listo para otro día de trabajo en Monterrey. Al despertar Carlitos, como zombie se mete al baño y abre la regadera. La verdad, pensé que se estaba exfoliando, porqué se tardó como 45 minutos, al salir se me quedaba viendo medio raro….. y yo a él…. Algo sucedía, pero ninguno mencionó nada.

Otro día de capacitación, más comida norteña, convivencia con colegas y regreso a la habitación del hotel. Empiezan las rarezas otra vez….. que le corre al baño y sale muy empijamado, se acuesta y dice: “ya me voy a dormir” y ni tardo ni perezoso, que cumple y se queda como pasmado.

Al despertar el día siguiente, que me lo encuentro bañado, peinado y listo para empezar el día…. Pues inicio mi rutina limpiadora de mi cuerpecito, vestimenta y perfumada para salir a la última parte de la capacitación y ese día regresar a la capital. Todo transcurrió normalmente.

Ya de regreso en la carretera, que se confiesa:
“Fíjate mi Gil, que hoy me levanté tempranito para bañarme antes que tú.”
¿Y eso?
“Es que ayer que me ganaste la regadera y quedo como si hubieras bañado al Yeti de los Himalayas”
¿Cómo?
“Es que estás medio peludo y se te cae el pelito, se atora en la regadera y la verdad me dio cosa, Brenda (su esposa y bombón de mujer) no suelta pelusa. ¡Ayer me tardé como media hora en que se fuera todo por la coladera!”
Me reí hasta Matehuala, donde nos agarró la noche y a partir de ahí juntos creamos el guion del siguiente superéxito mundial del cine: La Venganza de los Sotoles Asesinos. Ya les platicaré más de nuestra creación.

Por cierto, en ese viaje descubrimos que Mi Chiquita y su Brenda nos mienten.
¡Ninguno de los dos ronca!
 
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