viernes, 2 de noviembre de 2012

Horneando y Comiendo

Dice la tradición que un Pan de Muerto no debe faltar en la ofrenda que la mayoría de los mexicanos “ponemos” en honor a los queridos que ya se fueron.


Nosotros, léase un grupito de tragones y de esos varios aprendices de cocina, nos pusimos de acuerdo para recibir profesional instrucción de Ange.

Ange hace unos pasteles y postres que no puedes dejar de comer, a principios de este año 2012, amablemente me enseñó a hacer rosca de reyes (que por no hacerle caso me quedó como pizza) y ahora nuevamente y armada de paciencia me enseñará a hacer el Pan de Muerto.

Que nos lanzamos su seguro Conocedor y Mi Chiquita, armados de harina, levadura, azúcar, huevos, leche y el resto de los implementos para que fueran transformados en delicioso biscocho.

Ya en las instalaciones de Lourdes y Cacho, banqueteros por excelencia y que tienen una cocinota, empezamos a recibir las instrucciones pertinentes:
Prepara la levadura con leche y agua tibia o se nos muere….. ¿Está viva?
Ya bien mezclada con cucharita, llévala al sol para que suba. ¿A dónde? Si aquí, nada más hay un piso.
Ahora, viene lo bueno: Pon harina, hazle un huequito, échale los huevos, la ralladura de naranja, el agua de azahar y azúcar. ¡A amasar!

Aquí Mi Chiquita empieza a darle una golpiza a la masa, la azota contra la mesa, la tuerce como plastilina, la vuelve a golpear contra la mesa, creo que hasta un jab le dio. Se me hace que está inspirada en algún errorcillo cometido por mi y está desquitando su furia, pobre masa.

Se oye la instrucción de Ange: ¡Ya ponle la levadura!  Yo pienso: ¿Qué no se subió para arriba? Seguro ya está en la azotea.
Mi Chiquita corre a recoger la levadura y se la embute a la masa reiniciando golpes, torceduras y manotazos.
Mientras tanto la plática toca temas muy femeninos, como la exfoliación, yo reservado como soy que me jalo a Cacho a ver si ya puso la puerca…. Total, ya casi acaban de ponerle su guamiza a la masa y el tema no nos afecta y si nos pone nerviosos.
La masa ya golpeada reposa en un “bowl”, (yo ya estaría en mi cama después del masajito que le dieron) hay que taparla con papel “film” y dejar pendiente todo hasta el día siguiente.

Pausa como de 24 horas.

Llegamos nuevamente a la cocinota, la masa engordó chorros (yo creía que los masajes eran reductivos, pero este la infló) y la pobre masa empieza a recibir el mismo trato del día anterior: golpes contra la mesa, manotazos y torceduras. Total la masa quedó bien bonita (así dijo Ange, pero yo la veía todavía medio cruda).

Más Instrucciones:
Engrasa la charola (que le pedimos prestada a Cacho porqué no nos dijeron que se necesitaba una).
Forma una bola chiquita pero no tanto. ¿¿¿¿????
Los cuatro huesitos se forman con los dedos como haciendo martinillo. ¿¿¿¿????
Haz otra bolita más chiquita y ponla junto a la otra bolita no tan chiquita ¿¿¿¿????
Ponle cuatro huesos a la bola grande. Eso si entendí.
Y llévalas al sol para que suban. ¿Otra vez? Ya mejor no opongo resistencia.
Las bolitas y huesitos se volvieron a inflamar y empiezan a parecer pan de muerto.

Siguen las instrucciones para el horneado:
Las bolitas más chiquitas van sobre la bolita más grande en mero en medio.
Ya armado hay que hornearlos a 180° centígrados durante una media hora o cuando estén doraditos, porque si te pasas queda seco.  ¿¿¿¿????

Las charolas al horno y yo en posición de observador, a 45° de inclinación y sin perder de vista los panes. (No sea que se me pasen de “doraditos” y queden secos) A ver si ponen el horno más arriba, luego duelen los riñones.

Después de unos 20 minutos y ya doraditos, los sacamos del horno. Yo ya quería probarlos y alargué mi mano hacia los panes; recibí fuerte manazo y regaño de Mi Chiquita: ¡Espérate, falta el azúcar!

Ya para terminar y con los aromas del pan recién horneado torturándome, hay que untarle mantequilla derretida y espolvorear el azúcar en el pan.
¿Ahora si? ¿Ya puedo morder uno?
Todas gritan: ¡NOOOO!, se tiene que enfriar y es para la noche con chocolate caliente de ese de Oaxaca. Pero si apenas son las dos….. falta muuuucho.

Tortura hasta la noche, pero valió la pena: Merienda de delicioso Pan de Muerto con chocolate oaxaqueño calientito.

Solo me queda agradecer a Ange por su paciencia y sabiduría repostera, a Cacho y a Lourdes por prestarnos su cocina y regalarnos su cariño y a Mi Chiquita que fue la que sudó y ganó en el pleito contra la masa.

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