lunes, 12 de noviembre de 2012

Como la primera vez

No sean mal pensados, hablo del gimnasio…..

Después de 35 años de no mover mi anatomía más de lo básicamente necesario, el Doc me dice que haga 30 minutos de ejercicio al día.
¿Porqué me trata así? ¿Qué no somos cuates? Hasta le pago la consulta…….
Esta es siempre la indicación de cualquier médico que visite uno, desde el dentista hasta el Dr. Scholl.

Pues desde la semana pasada, que inicio con la bici fija y en mi casa:

Día Uno. Me subo y empiezo a pedalear como Armstrong (no el astronauta) esto dura 37 segundos cuando ya siento mi corazoncito latiendo rapidísimo, como cuando veo videos de Shakira. Ya estuvo, ya hasta sude.

Día Dos. Me subo y me bajo porqué tengo que ir al baño. Ya aposentado, que me pongo a leer un libro y se me olvidó el ejercicio.

Día Tres. Mi Chiquita ya me inscribió al “club” porqué en casa me hago “el wey” y pues no me subo a la bici. Dejo el deporte para el día siguiente que ya voy a ir al club.

Día Cuatro: Me visto como para bajar 30 kg esa tarde: Tenis, calcetas, mis licras, calentones, faja térmica, de esas pulseritas peludas en ambas muñecas y otra en la cabeza (voy a sudar muchísimo) y para terminar, pants, sudadera, guantes pa las pesas y mi Ipod para no perder el ritmo. Al verme al espejo, parezco indigente gringo, que encontró mucha ropa desechada en el basurero y se puso toda, solo me falta una gabardina.

Nos lanzamos al gimnasio, se pega mi Chiquita para verificar que de perdida me baje del coche y no haga escala en alguna taquería. 

Ya en el gimnasio, que está todo limpio, ordenado, alumbrado y lleno de puro deportista pujando, que me asusto y trato de regresar al coche, pero con tanta ropa puesta, me cuesta trabajo moverme, mi Chiquita me ataja y a jalones me sube a la bici.
Además le llama a un instructor, que mide como 1.60, pesa como 50 kg y por lo que calculo, tiene como 17 años…… El méndigo, me dice que le de a la bici, para empezar, 30 minutos (ni cuando iba al super por gansitos en mi Choper). Ya después vamos a los aparatos.

Como soy reteoptimista, trato de encontrar lo bueno del sufrimiento que inicia y busco alguna fémina de cuerpazo para observar. Esto no sucede y no por falta de paisaje, sino porqué empiezo a sudar cual caballo en el hipódromo y las gotas de sudor caen en mis ojitos (la bandita peluda en mi cabeza no sirve para nada) y como arde, pues los cierro y no veo nada.
Tres minutos después, le grito al instructor, que ya voy a los aparatos. Yo creía que como en ninguno de ellos se podía pedalear, el ejercicio no iba a ser tan torturador…. Error.

El primero que me indica el instructor, es como una silla de tortura, tiene unos tubos que cuelgan desde arriba y los tienes que agarrar con tus manitas enguantadas. Fácil: abrir y cerrar nada más 20 veces. Volteo a ver el peso que tiene al aparato y pensando en mi clásica fortaleza muscular, que le subo como a 300 kg, para “marcarme” rápido. Ya colocado en posición de como señora que va a dar a luz pero en cuclillas que le jalo con toda mi fuerza, el aparato no se movió, me dolió como si de verdad hubiera sido un parto,
creo que hasta se me salió un purrún del pujido que me aventé y ni siquiera un cuadrito me salió en el abdomen. (Para motivarme no le digo panza). Ya solo faltan como 20 aparatos en la rutina….. ¡OMG!

Como era el cuarto día de ejercicio (ya jueves, porque los mexicanos empezamos todo en lunes) Tengo la esperanza de un fin de semana muy próximo, para echarme en mi cama, con una buena botana a ver la tele, aunque no la prenda.

 
¡Ay cómo me duele! Diría El Gallo de Oro

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