martes, 27 de noviembre de 2012

La Vacación

Ya les platiqué de un par de viajes de trabajo…..falta uno de placer.
Todo inicia con cuatro meses de anticipación, para que no se nos tache de ser improvisados.
Lo primero es definir el lugar para descansar y relajarnos. Mi Oso pregunta a su madre: ¿Estás muy cansada? Ella solo lo mira con cara de: “no estaría cansada si tú recogieras tu tiradero”.

Inician las sugerencias:
MI Chiquita quiere shopping y de ahí no la movemos.
La Cachorra quiere playa para recolectar conchitas, broncearse y tomar muchos smoothies de mango.
A mi Oso solo le interesa que el hotel tenga alberca y nos puedan llevar botanas a los camastros.
Yo los dejo discutir; ya sé que mi Chiquita va a ganar, entonces tengo que buscar un lugar donde encontremos shopping, playa y alberca con botanas en el hotel….. Estoy metido en problemas.

Después de varias semanas, mi Chiquita convence (seguro los amenazó) que el mejor viaje es a San Antonio Texas. Ahí hay harto shopping, en el hotel hay alberca y la Cachorra puede comprar conchitas y smothies de mango en cualquier mall.
Me indica que el viaje deberá ser en nuestro microbús, para traer muchas cositas…… En avión no, mejor nos gastamos ese dinero allá.
No contábamos con polizonte: Se nos pega mi Má……

La noche anterior a la vacación:
Antes de salir rumbo a tierras norteñas para nosotros y sureñas para los que viven en Canadá. Acá su conocedor se pone a preparar tacos de chorizo con huevo en tortilla de harina y tortas de jamón con queso y frijolitos, para desayunar y comer en el camino, no pensamos hacer ni una escala, porqué nos ganan las compras.

Inicia la vacación:
El  micro está listo, lleno de gasolina, con su aceite completito, recién afinado y con las llantas muy revisadas. Nos trepamos a las 3 de la mañana para llegar de día y salimos.
Como a los 2 minutos, todos van dormidos y todavía ni salimos de la ciudad.

Tres horas después, despierta mi Oso y solo logra decir: Quiero hacer pipí. Primera escala en alguna gasolinera, (aquí les paso un  consejo que recibí de mi pá: Vayan al baño donde hay aunque no tengan ganas, luego no encuentras otro y sufres.)

Ya todos despiertos inician las hostilidades:
-Tengo calor, hazte para allá. (Y eso que el micro tiene tres filas de asientos.)
-Yo quiero torta de pierna (solo hice de jamón y tacos de chorizo con huevo)
-¿Cuánto falta? Llevamos cuatro horas y el viaje es como de doce.
- Diles algo (frase predilecta de mi Chiquita)
Mi Má grita: ¡Jesús, María y José! A mi casi me da el infarto y pregunto, ¿Qué pasó? Ella muy queredora de la fauna canina vuelve a gritar: --¡Un perro!   Volteo a buscar al perro que está caminando por la orilla como a 800 metros. Este tipo de grito maternal varía desde ¡Ten piedad de nosotros! Hasta ¡Jesucristo contén tu ira! Y cada grito yo sufro de mi corazón.

Se acuerdan que no íbamos a hacer ni una parada para no perder tiempo. Pues después de 7 veces para ir al baño, 5 para comprar algún antojito, 6 para comprar refrescos fríos y una muy importante para buscar a quién le regalamos las tortas que sobraron, porqué no las dejan pasar en la aduana, (yo si me comí mis tacos de chorizo con huevo) llegamos a la frontera.

La fila de coches es como de 15 kilómetros y hace más calor que nunca.
Llegamos a la aduana americana después de 2 horas de espera en fila y con su respectiva batalla familiar provocada por claustrofobia automotriz.
El vista aduanal, es un güero como de 1.90 m pesa como 130 kg, está armado y muy sonriente nos pregunta ¿A dónde van?
Acá su experimentado Conocedor le contesta; Vamos a San Antonio de shopping.
El vuelve a preguntar: ¿Trae armas, drogas, licores adulterados, inmigrantes ilegales? Antes de responder pienso “no me preguntó por las tortas y ya las regalamos” y contesto muy seguro: No, como cree.
Se me hace que nadie le contesta que sí trae cualquiera de los objetos por los que nos preguntó……
Total 2 horas después de trámites de entrada, de un calor espeluznante y de varias Cokes (ya estamos del otro lado y hay que hablar en inglish) que nos dejan pasar y que nos lanzamos a San Antonio.

Tres horas más de carretera, pleitos, gritos religiosos, cokes y yo ya sin tacos de chorizo con huevo, pues tenemos que hacer otra escala, Ya tiene hambre la familia y yo tengo que buscar algún rinconcito coquetón para cenar. (No vi ni un trompo de tacos al pastor).

Como soy aventurero en eso de la comida, pues que me paro en un lugar lleno de camiones (dicen que son los mejores en las carreteras) y que nos bajamos. Entrando al restaurante, hagan de cuenta que llegué a uno en Tampico, lleno de puro compatriota y dos o tres choferes norteamericanos. Pues que nos cenamos unos muy buenos sándwiches tamaño monstruo y nuestras respectivas cokes como de 2 litros cada una. ¿Porqué los primos del norte sirven todo a lo bestia?
16 horas después de haber salido de mi ciudad, llegamos a San Antonio, previsores como somos, ya tenemos la reservación en el hotel pero……..Mi madre que es pachanguera y viene muy nerviosa porque manejo horrible, quiere ir antes a una liquor store para comprar un vinito y botanas para relajarse en el hotel. La cuenta en la méndiga tiendita es de como 200 dólares (ya eliminé la chamarra, un pantalón de mezclilla y mis tenis del shopping) y nos lanzamos al hotel.
Ya instalados y después de una copita de vino y botanitas, pero todavía muy alterados por tanta hora de carretera, quieren salir a “dar la vuelta”.
Mi familia está demente, son las diez de la noche y quieren ir a “dar la vuelta”. Yo no voy.

Inician varios días muy parecidos:
6:30 AM, Mi Má nos despierta para ya irnos a desayunar, para estar en el mall a la hora que abren. Además hay que aprovechar que el hotel tiene desayuno incluido (Así hasta yo….. había una canasta de manzanas, lechitas de esas de cuadrito de cartón de 250 ml , donas y café)
7:00 AM Ya desayunados (Si ajá) nos lanzamos al mall, que tiene su estacionamiento vacío, pues claro, si abren hasta las 11:00.

Mi Chiquita, aliada con mi madre, me indica, “pues busca alguna tienda abierta”. Solo se me ocurre algún supermercado y que me lanzo raudo y veloz a buscar uno grandote para que se entretengan. Ahí dejo a las tres damiselas y con mi Oso me lanzo al hotel para ir al baño y checar la alberca.
Como hombrecitos que somos, ambos vamos al baño sin dificultad alguna (¿Porqué las mujeres solo se hallan en su baño?) y recorremos el hotel que tiene su alberca en la zona más remota y adivinen….. ¡Está helada como para recibir lobos marinos!
Muy molestos vamos a recepción a reclamar que el agua está fría y solicitar que la calienten, la recepcionista muy amablemente me dice que al día siguiente estará cual jacuzzi, esto se repite cada mañana de la vacación y nunca calentaron la alberca y ni focas vimos.

Nos retiramos para recoger a nuestras parientes que ya deben haber vaciado el super.

De supersote al mall, que todavía no abre, pero ya nos tienen en la puerta esperando las superofertas. Si hubieran visto a mi Má con la nariz pegada en la puerta de cristal y haciendo “casita” con sus manos, verificando si ya venía alguien a abrir, sabrían la que nos esperaba.
Antes de abrir, mi Chiquita que es muy ahorrativa (pero de su cartera) me dice que a las 2:00 nos vemos en la comida rápida para comer juntos, rapidito y que yo pague.
Se abren las puertas y como si no hubiera mañana, se arrancan corriendo como manada de búfalos en escapada y las perdemos de vista.

Mientras con mi Cachorro, vamos a alguna juguetería, luego a alguna tienda de deportes, a otra de gadgets, una más de herramientas…. no encontramos nada más de nuestro interés y ya recorrimos el mall sin comprar nada. Apenas son las 12:00 y se me ocurre, pues vamos al cine. Después de la película, llenos de pretzels, popcorn y coke, vamos a la comida rápida a comer con nuestras viajeras acompañantes. Obvio, yo pagué la comida, nos dejaron todos sus paquetes para llevarlos al micro y antes de que termináramos de comer ya se habían ido. Por cierto, tanto mi Oso y yo parecíamos esclavos cargando bolsas de alguna antigua princesa Hindú, hasta la gente se nos quedaba viendo con lástima.

Durante la tarde los dos hombres del viaje, nos regresamos al hotel a ver la tele y a descansar mientras las mujeres despilfarran la lana y en dólares. Así fueron varios días y nunca calentaron la alberca.

Solo les platico que el regreso al hogar, fue semejante a la ida, pero sin tacos de chorizo con huevo y muchas más escalas porqué tuvimos que parar a desayunar y comer. Además que mi pobre micro, venía sobrecargado, con más violencia intrafamiliar que a la ida, porqué las mujeres no quieren llegar a casita y muchos más gritos religiosos de mi madre porqué sigo manejando horrible y hay muchos perros en el camino.

Se me hace que la siguiente cada quien viaja por su lado.

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